Gestión de residuos y ambiente: cómo el INTA Paraná transforma los efluentes agroquímicos en prácticas sostenibles
En el marco de una recorrida de la Asociación Entrerriana de Periodistas Agropecuarios, el especialista Néstor Pautasso explicó cómo funciona un sistema que combina procesos naturales para tratar residuos de agroquímicos y fortalecer las buenas prácticas agrícolas.
En el predio del INTA en Paraná, la gestión de residuos peligrosos se muestra en acción. Allí, durante una recorrida organizada por la Asociación Entrerriana de Periodistas Agropecuarios —de la que participa el periodista villaguayense Gregorio Sesa—, el técnico Néstor Pautasso detalló cómo se abordan los efluentes derivados del uso de agroquímicos dentro de un esquema que apunta a producir con mayor responsabilidad ambiental. 
“Trabajamos en la gestión de residuos de la experimental Paraná y hoy mostramos lo que es el tratamiento de efluentes y envases, incorporando herramientas de buenas prácticas agrícolas a esta actividad”, explicó al inicio de la recorrida.
El circuito comienza en un sector clave: el área de servicio de los equipos pulverizadores. Allí se concentran los residuos líquidos que se generan tanto en aplicaciones a gran escala como en sistemas más pequeños. “Se busca retener y canalizar todos los efluentes de las aplicaciones, haciendo un tratamiento primario en lo que es la degradación físico-química”, señaló.
Ese primer paso ocurre en piletas donde los líquidos quedan expuestos a factores naturales como el sol. Pero el proceso no termina ahí. “El ciclo completo abarca más o menos 90 días”, precisó Pautasso, al describir un sistema que combina distintas etapas hasta lograr una reducción significativa de la carga contaminante.
Luego de la instancia inicial, los efluentes atraviesan una fase biológica. “Se mezcla la degradación con una fitorremediación a través de algas que van aumentando con el tiempo”, detalló. Finalmente, el tratamiento culmina en las denominadas camas biológicas, donde actúan microorganismos presentes en sustratos naturales.
Una de las principales ventajas del sistema es su enfoque sustentable. “No incorpora ningún aditivo químico ni artificial. Solo se utilizan los efectos naturales de degradación, a través de hongos, bacterias del suelo y factores físicos”, remarcó.
Lejos de tratarse de una tecnología inaccesible, el modelo está pensado para ser replicado en distintos niveles productivos. “Esto es aplicable a productores, cooperativas, empresas de servicios e incluso a la actividad hortícola, donde se utilizan mucho estos productos”, indicó. Y agregó que no requiere grandes inversiones: “Son sistemas muy aplicables que no necesitan una inversión muy alta, sino un buen dimensionamiento y control”.
Incluso prácticas específicas como el curado de semillas pueden integrarse a este esquema. “También requieren la aplicación de productos y generan residuos con principios activos similares, por lo que se utiliza el mismo sistema de tratamiento”, explicó.
Más allá de lo técnico, Pautasso puso el foco en la necesidad de comunicar estos avances. “Hace cuatro años que estamos con esta experiencia, generando información y haciendo capacitaciones abiertas”, contó, y subrayó que este tipo de recorridas también cumplen un rol clave para acercar el conocimiento a la sociedad.
En ese sentido, destacó el trabajo articulado con la Mesa de Buenas Prácticas de Entre Ríos y otras instituciones. “Hay herramientas que se pueden aplicar, y es importante mostrarlas”, afirmó.
El trabajo del INTA en este campo no es nuevo, pero sí cada vez más visible. “El Instituto ya hace tiempo incorporó la preocupación por el cuidado del ambiente. Estas son respuestas a prácticas agrícolas que van surgiendo”, concluyó.
Así, en un contexto donde la producción agropecuaria enfrenta crecientes desafíos ambientales, experiencias como la de Paraná muestran que es posible avanzar hacia sistemas más equilibrados, donde la tecnología y la naturaleza trabajen en conjunto.

