Agro

INTA Paraná: Ciencia aplicada para cuidar el suelo entrerriano

Integrantes de AEPA recorrieron las históricas parcelas de escorrentía del organismo, donde hace más de 50 años se estudia cómo frenar la erosión. El ingeniero agrónomo Marcelo Wilson explicó por qué las rotaciones y la cobertura son claves para la sustentabilidad productiva.

El pasado viernes, miembros de la Asociación Entrerriana de Periodistas Agropecuarios (AEPA) participaron de una nueva recorrida técnica por una de las estaciones experimentales del INTA en la provincia. En esta oportunidad, la actividad tuvo lugar en el departamento Paraná, donde el grupo pudo interiorizarse sobre trabajos de larga data vinculados a la conservación del suelo.
Una vez más, Campo y Ciudad de Villaguay dijo presente en la jornada, a través del periodista Gregorio Sesa, quien dialogó con el ingeniero agrónomo Marcelo Wilson, referente del Departamento de Recursos Naturales y Gestión Ambiental del INTA local.
Durante la visita, Wilson puso el foco en uno de los dispositivos experimentales más emblemáticos del organismo: las parcelas de escorrentía. “Hoy los recibimos en estas parcelas, que tienen más de 50 años de trayectoria ininterrumpida. Fueron concebidas a partir de un proyecto sobre conservación de suelos y nos permiten obtener información clave sobre la influencia de la cobertura vegetal en la protección frente a la erosión hídrica”, explicó.
Se trata de 15 parcelas de 100 metros cuadrados cada una, diseñadas específicamente para medir el comportamiento del agua de lluvia cuando escurre sobre el terreno. A través de un sistema de recolección, los técnicos pueden cuantificar tanto el agua como el suelo que se arrastra. “Esa información fue fundamental en su momento, incluso para la elaboración de la ley de conservación de suelos y los manuales de sistematización que se publicaron en los años 90”, recordó.
Con el paso del tiempo, las investigaciones fueron adaptándose a las transformaciones del sistema productivo. “En el año 2000 pasamos a siembra directa, porque hasta ese momento toda la información se había generado con labranza convencional. Luego, en 2006, ajustamos las rotaciones para reflejar mejor las prácticas habituales de los productores de la zona”, detalló Wilson.
Actualmente, en las parcelas se evalúan distintas secuencias de cultivos, desde el monocultivo de soja hasta rotaciones más complejas que incluyen trigo, maíz y cultivos de cobertura. Además, se mantienen dos situaciones extremas como referencia: un suelo desnudo sometido a labranza intensiva —que registra la mayor pérdida de suelo— y una pradera permanente, que presenta el menor nivel de escurrimiento.

A partir de estos ensayos, las conclusiones son claras. “En esta zona, la rotación trigo-soja-maíz es la que menos erosión genera. El maíz aporta mucho rastrojo, al igual que el trigo, lo que ayuda a proteger el suelo, especialmente en momentos críticos como las lluvias de primavera”, señaló el especialista. En contraposición, advirtió sobre los riesgos del monocultivo: “La soja continua mantiene el suelo desnudo durante parte del año, lo que favorece el escurrimiento y la pérdida de suelo”.
Las características propias de los suelos entrerrianos también juegan un papel determinante. Wilson explicó que en el área predominan los arguidoles, con una importante proporción de arcilla en profundidad, lo que dificulta la infiltración del agua. “Cuando el agua no puede ingresar al perfil, se desplaza por la superficie y arrastra partículas de suelo. Por eso es tan importante mantener una buena cobertura y planificar adecuadamente las rotaciones”, subrayó.
En ese sentido, remarcó que la erosión no solo implica la pérdida física del suelo, sino también de nutrientes esenciales. “El agua que escurre se lleva todo lo que encuentra en superficie. Por ejemplo, fertilizantes como la urea pueden perderse fácilmente si no son incorporados o si no hay cobertura suficiente. Eso significa una pérdida económica para el productor y un impacto ambiental”, advirtió.
Finalmente, el ingeniero insistió en la necesidad de un enfoque integral para el manejo de los sistemas productivos. “La clave está en combinar rotaciones adecuadas, cobertura permanente y prácticas de sistematización del terreno. Y, por supuesto, entender que la intensidad de las lluvias también influye: los mayores problemas se dan con precipitaciones intensas, que generan un escurrimiento más rápido y erosivo”, concluyó.

La recorrida dejó en claro que, detrás de cada recomendación técnica, hay décadas de investigación y datos concretos. Un trabajo silencioso pero fundamental, que busca garantizar la sostenibilidad de uno de los recursos más valiosos de la región: el suelo.  

Dejá una respuesta

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.