Agro

Soja en evolución: el desafío de mejorar la genética en Entre Ríos

En el marco de la visita que Campo y Ciudad realizó a las instalaciones del INTA Paraná, el periodista Gregorio Sesa junto a colegas de AEPA mantuvo un diálogo con el ingeniero Ignacio Vicentín, quien se desempeña en el área de mejoramiento genético de soja.
Durante la recorrida por los lotes experimentales, Vicentín explicó que el trabajo que se lleva adelante en la estación experimental combina tanto el desarrollo de cultivares transgénicos como convencionales. “En la parte de no transgénicos tratamos de desarrollar materiales adaptados a la zona de Entre Ríos, especialmente a suelos pesados, con ciclos que se ubican entre los grupos de madurez 5, 6 y 7, aunque en general trabajamos entre 5 y medio y 6”, detalló.
En esos ensayos conviven líneas experimentales con testigos comerciales de empresas privadas. El objetivo es claro: evaluar su desempeño integral antes de avanzar en una eventual inscripción. “Estamos viendo si rinden más, pero también analizamos su comportamiento sanitario y agronómico”, explicó. En ese sentido, remarcó la importancia de observar fenómenos como el vuelco, la dehiscencia —la apertura de la vaina al secarse— y el síndrome de tallo verde, una anomalía que puede afectar la cosecha. “El tallo queda verde mientras la vaina se seca, y eso es un problema”, señaló.
El proceso de evaluación no es inmediato. Por el contrario, implica años de seguimiento y comparación. “Todos los años incorporamos nuevas líneas, pero tratamos de evaluarlas al menos durante tres campañas”, indicó Vicentín, quien trabaja en el área desde 2006, continuando una línea iniciada por el mejorador Raúl Vicentini. Esta continuidad permite acumular información clave en un cultivo donde el rendimiento está fuertemente influenciado por la interacción con el ambiente.
“La soja responde de manera distinta según la zona. No es lo mismo el centro, el norte o el sur de Entre Ríos, y eso se nota más en campañas con condiciones climáticas variables”, explicó. En relación a la última campaña, describió un escenario dispar: “Nosotros tuvimos poca agua, prácticamente nada, mientras que en otras regiones hubo excesos. Dentro de todo, acá estuvimos equilibrados”.
Consultado sobre la posición de Argentina en el contexto internacional, Vicentín destacó que el país mantiene un buen nivel en materia de genética y rendimiento, incluso frente a líderes como Brasil y Estados Unidos. Sin embargo, advirtió que existen diferencias en el acceso y adopción de tecnologías más avanzadas.
“Tenemos muy buena genética, pero ellos cuentan con más eventos transgénicos disponibles. En eso estamos un poco atrás”, reconoció. Entre las causas, señaló problemas vinculados a la propiedad intelectual y al pago de regalías, lo que desincentiva la llegada de nuevas tecnologías al país. “Si no se paga lo que corresponde, las empresas no traen los desarrollos más recientes”, resumió.
Como ejemplo, mencionó lo ocurrido con tecnologías impulsadas por Monsanto, que finalmente fueron retiradas del mercado local ante la falta de acuerdos sostenibles.
En este contexto, la articulación entre el sector público y privado aparece como una pieza clave. Desde el INTA, el trabajo se orienta a generar materiales que luego puedan ser multiplicados y difundidos por empresas. “Nosotros llegamos hasta la inscripción. Después buscamos que el sector privado continúe con la producción y comercialización, porque no podemos abarcar todo”, explicó.
A nivel de investigación, el organismo mantiene una agenda amplia. Por un lado, continúa con el desarrollo de variedades convencionales, una línea histórica que sigue teniendo demanda. Por otro, avanza —aunque a un ritmo más lento que el sector privado— en la incorporación de eventos transgénicos, incluyendo cultivos tolerantes a herbicidas como glifosato, sulfonilureas y 2,4-D, así como materiales con mayor tolerancia a condiciones de sequía.
“No estamos al nivel de las grandes empresas en cuanto a capacidad, pero tenemos convenios y seguimos avanzando”, afirmó Vicentín. Y concluyó: “Es fundamental sostener el trabajo en rendimiento, porque sigue siendo una de las variables más importantes para no quedar más atrás”.
La escena en los lotes del INTA Paraná refleja, en definitiva, un esfuerzo constante por adaptar la genética de la soja a las condiciones locales, en un contexto donde la innovación avanza a ritmo desigual. Entre ensayos, evaluaciones y articulaciones, el desafío sigue siendo el mismo: producir más y mejor, sin perder competitividad en el escenario global.

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