Agro

Investigación y tecnología para producir más carne desde el pasto

Durante una jornada en la Estación Experimental del INTA Concepción del Uruguay, especialistas expusieron sobre los avances en mejoramiento genético de forrajeras, manejo de pasturas y nuevas herramientas para optimizar el uso del campo natural en los sistemas ganaderos.

Días atrás, el periodista Gregorio Sesa, de FM Campo y Ciudad, participó junto a un grupo de colegas de una jornada de capacitación y recorrido técnico en la Estación Experimental del INTA Concepción del Uruguay. La actividad se desarrolló en el marco del trabajo conjunto entre el INTA Entre Ríos y la Asociación Entrerriana de Periodistas Agropecuarios (AEPA), y permitió conocer en el terreno distintas líneas de investigación vinculadas al mejoramiento genético de arroz, la producción de forrajes y los estudios sobre avicultura que se llevan adelante en la experimental.

Uno de los ejes de la recorrida estuvo centrado en el trabajo que desarrolla el grupo de Mejoramiento y Evaluación de Pasturas y Pastizales del Departamento de Rumiantes. Allí, el ingeniero agrónomo Alejo Re explicó que uno de los objetivos principales es generar cultivares forrajeros adaptados a las condiciones particulares de Entre Ríos, especialmente a los vertisoles, suelos con alto contenido de arcilla que se expanden y contraen y que condicionan el comportamiento de las pasturas.
Según detalló, aunque las especies forrajeras utilizadas en la región son las mismas que se emplean en gran parte de la zona templada del país —como alfalfa, tréboles, lotus, cebadilla, festuca o raygrass— no todos los cultivares responden de la misma manera en estos ambientes. Por eso, desde la experimental se trabaja intensamente en el mejoramiento genético, particularmente en raygrass anual, con el objetivo de desarrollar variedades que se adapten mejor a las condiciones locales y también a otras regiones productivas del país.
En ese marco, la experimental ya cuenta con varios cultivares liberados al mercado, fruto de un trabajo conjunto con el sector semillero y otras unidades del INTA. Hace algunos años se presentó el primer cultivar diploide de origen nacional, denominado Rápido INTA, y recientemente se logró el registro de tres nuevos materiales tetraploides, un avance que refuerza la articulación entre el organismo público de investigación y la industria.
Pero la investigación no se limita al desarrollo de nuevas variedades. El equipo también trabaja en lo que denominan “agronomía de pasturas”, es decir, en el estudio de las mejores prácticas de manejo para potenciar la producción. Esto incluye la definición de fechas de siembra, la elección de especies según el ambiente, la combinación de mezclas forrajeras y los niveles de fertilización necesarios para lograr mayor producción y persistencia de las pasturas.
En ese sentido, Re destacó la importancia de la evaluación de cultivares en cada ambiente. Contar con información sobre cuáles variedades se comportan mejor en los suelos de la región puede representar entre un 5 y un 10 por ciento más de producción de forraje sin aumentar los costos, simplemente eligiendo correctamente la semilla. “Es una tecnología de costo cero para el productor”, señaló.
Todos estos conocimientos se integran luego en módulos demostrativos que replican sistemas productivos reales. En esos espacios se combinan distintas tecnologías de manejo para evaluar su impacto en la producción ganadera. A lo largo de más de 15 años de mediciones, estos sistemas han mostrado promedios cercanos a los 450 kilos de carne por hectárea al año, con variaciones relativamente bajas según las condiciones climáticas de cada temporada.

La recorrida también incluyó un espacio dedicado al estudio de los pastizales naturales, donde el ingeniero agrónomo y doctor en Ciencias Agropecuarias Martín Durante explicó las investigaciones que se realizan para mejorar el manejo de estos recursos clave en la ganadería de la región.
Durante detalló que una de las líneas de trabajo consiste en evaluar la respuesta del campo natural a la fertilización, tanto con fuentes químicas tradicionales como con cama de pollo, un subproducto muy disponible en Entre Ríos debido al desarrollo de la avicultura. Los ensayos muestran que la producción de forraje puede incrementarse entre 20 y 30 kilos de materia seca por cada kilo de nitrógeno aplicado, información que resulta fundamental para que los productores puedan analizar la conveniencia económica de esta práctica.
Además, el equipo estudia la diversidad de los pastizales naturales y cómo responden a distintos manejos y condiciones ambientales. Aunque se los suele nombrar como un único recurso, en realidad están formados por múltiples comunidades de especies que se distribuyen según el tipo de suelo, la disponibilidad de agua o la topografía.
Para comprender mejor esa complejidad, los investigadores combinan estudios de campo con ensayos en condiciones controladas y herramientas de monitoreo a gran escala. En este punto cobran relevancia las tecnologías de sensores remotos y el uso de imágenes satelitales, que permiten identificar los distintos ambientes dentro de un establecimiento y estimar la cantidad y calidad del forraje disponible.
Incluso, desde la experimental de Concepción del Uruguay se coordina un proyecto internacional que integra instituciones de Argentina, Uruguay, Colombia, Costa Rica y Nueva Zelanda. A través de una red de monitoreo, los investigadores buscan generar modelos que permitan predecir la disponibilidad de pasto y desarrollar herramientas digitales de acceso libre para que los productores puedan planificar mejor el pastoreo.
De esta manera, la investigación que se realiza en el INTA no solo apunta a generar conocimiento, sino también a traducirlo en herramientas concretas para el productor. Desde nuevas variedades forrajeras hasta sistemas de monitoreo satelital, el objetivo final es el mismo: aprovechar mejor el recurso más económico de la ganadería, el pasto, y transformar ese conocimiento en mayor eficiencia y producción en los campos de la región.

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